Isabel da a luz al príncipe Juan. Los reyes ven cumplidos sus objetivos: la victoria definitiva sobre Portugal y un heredero varón para las coronas de Castilla y Aragón. No obstante, Isabel no ceja hasta lograr encerrar a su enemiga Juana en un convento. Pero las consecuencias de ser madre y reina se manifiestan con toda su crudeza en el alto precio que habrá de pagar por firmar la paz.

Isabel y Fernando difieren sobre la conveniencia de pactar con Francia e implantar la Inquisición, dos asuntos de gran importancia para el futuro del reino. Ambos intentan conseguir sus objetivos a espaldas del otro. Cuando Fernando lo sepa se sentirá traicionado. Beatriz de Osorio saca partido de las desavenencias conyugales